Varios

La Suicida Patria

¿Quién iba a decir que México se suicidaría?
Olvidamos, la gran mayoría de los mexicanos, que eso tenemos en común; que somos mexicanos.
Desde mi trinchera, casi literal, veo con tristeza y desesperanza cómo mi país busca, y casi logra, la, al parecer, anhelada muerte.
Nací entre mexicanos, crecí entre mexicanos, lloré entre mexicanos, grité eufórico entre mexicanos; soy mexicano. Incrédulo, veo, más bien, leo, que día a día un mexicano mata a otro mexicano. Hasta ahora, el enemigo, el asesino, y al final suicida, es un mexicano.

Que no olvide aquel narcotraficante que al matar a un oficial o a un competidor, al final está aniquilando a un mexicano. Y, que grave en su mente el soldado que mata a un presunto delincuente, que es a un mexicano a quien el destino le llevó a quitarle la vida.

No digo que un individuo pueda estar encima de nuestro código jurídico; no, no busco, insisto, el justificar a un delincuente. Pero si llamo a cada uno de mis compatriotas mexicanos (sin preocuparme su situación jurídica) a que recordemos que somos hijos, todos, de México.

Exhorto a aquellos intelectuales, políticos, delincuentes, policías, soldados, líderes de opinión, a recordar que una agresión a un mexicano, es una agresión a la Patria misma; justificada o no.

¿Qué porcentaje de la producción y tráfico de estupefacientes “sirve” al consumo nacional? No lo se, ni idea tengo.
México no solo es nuestra Patria, es también, nuestro educador. Si un mexicano, por decisión propia o ajena, ingresa a las filas de la delincuencia, no olvidemos ¡No! que México mismo educó, y orilló, a ese connacional a decidir su profesión y destino.
No juguemos al “justo” por el simple hecho de contar con una educación privilegiada, me incluyo.

No pretendo, repito, justificar el crimen; simplemente amanecí recordando que soy mexicano.

Reciba un fraterno saludo usted, mexicano, de un mexicano. Y no olvide, usted, orillado a asesinar, justa o injustamente, que es a un mexicano, hijo de su misma Patria, a quien asesina. No suicide a México.

Con afecto,
Francisco Valencia Sandoval, mexicano. Guadalajara, Jalisco, México; Octubre de 2009.

En septiembre de 2008, en la Casa de la Lectura; Alejandra Coirini (artísta plástica) y Francisco Valencia, coincidieron. Alejandra sugirió al autor crear un cuento inspirado en la obra “La nueva Vida del Bosco” (Autoría de Alejandra). En ésta imagen pueden observar el encuentro.

Ésta es la obra “La Nueva Vida del Bosco” (Alejandra Coirini).

En Febrero de 2009, Alejandra Coirini, junto a otros artístas plásticos, exhibió “La nueva Vida del Bosco”; acompoñado del cuento que Francisco Valencia realizó inspirado en la obra plástica.

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CUENTO “BOSCO” . Esperamos lo disfruten….

BOSCO

Inspirado en la obra plástica (del mismo nombre) de Alejandra Coirini.

Vugnuwla no cabía en ella misma, finalmente su sueño se cumpliría. ¡Sería madre!
Como todos sabemos, las hadas no conciben a su descendencia como lo hacemos nosotros, los humanos; es un proceso mucho más complicado. Para que un hada pueda tener un hijo se tienen que dar distintas circunstancias en su mundo y hasta en el nuestro. Aunque un viejo amigo, muy instruido en todas esas cuestiones del mundo mágico, dice que no solo en el mundo de las hadas y en el de los humanos; asegura que en distintos universos, que ni nos imaginamos, deben coincidir ciertas circunstancias para que un hada por fin sea madre.
Nuestra hada, Vugnuwla, tenía 1283 años de edad, era un hada lo bastante experimentada para poder ser madre (es preciso apuntar que las hadas no aparentan la edad que tienen; en toda su larga vida son seres hermosos, inimaginables para el ojo humano).
Aquella noche, la casita del hada se iluminó con luces color blanco y azul. Aquella extraña luz permaneció unas 4 horas dentro del pequeño hogar. Y, como es de suponerse, todas las hadas vecinas de Vugnuwla se congregaron alrededor de aquella iluminada casita, sabían que su hermana estaba concibiendo un hijo. Cuando un hada está dando a luz, es preciso permanecer alejado, cualquier desconcentración que pueda tener la futura madre, puede impedir que tan trascendental evento culmine satisfactoriamente. Cuando las luces desaparecieron en lo alto, aquellas hermosas hadas entraron a darle la bienvenida a la descendencia de Vugnuwla. La nueva madre había dado a luz a un fauno. Durante 3 noches, las hadas celebraron la venida de aquel hermoso fauno a su reino. Al final de las fiestas, Vugnuwla anunció que su hijo se llamaría Toul.

…………………………

Toul era un fauno especial. Era algo solitario, no convivía con los demás faunitos; le aburrían los juegos que, como es normal en los bebés faunos, eran simples y hasta tontos. Lo que a Toul le divertía era convivir con las hadas mayores, aquellas que más sabiduría comunicaban. A su madre parecía no preocuparle aquella excentricidad de Toul. Ella parecía intuir que su hijo era diferente; que, de alguna forma, Toul era único.
Una noche en que madre e hijo disfrutaban el calor del fuego de la pintoresca chimenea de aquella casita, Toul preguntó a Vugnuwla:
-¿Sabes mamá? El otro día soñé que encontraba un sendero.
Vugnuwla no pudo esconder su preocupación; aunque trató de aparentar tranquilidad.
-Y, ¿Qué tiene de importante haber soñado con un sendereo?
-Yo creo que es relevante mamá; bueno, eso creo. El otro día que nadaba en el río, la corriente me llevó, sin darme cuenta, al otro lado del bosque.
-Hijo, hijo, te he dicho que no nades solo en el río.
-Lo se mamá, por eso no te quería platicar mi sueño. Tenía miedo que me regañaras.
-Toul, no estoy enojada, simplemente me preocupo por ti, hijo. Se que no lo volverás a hacer; ahora dime, ¿qué viste en el otro lado del bosque?
-Un sendero, ¡igualito al de mi sueño! Por eso estoy asustado, ¿Qué significa eso mamá?
La buena Vugnuwla cayó en cuenta que su pequeño hijo estaba pronto a descubrir un secreto del que ni ella estaba completamente segura si era real o no. Cualquier otra madre hubiera disuadido al buen Toul de que solo eran meras casualidades todo aquello de los senderos. Pero Vugnuwla era sabia, el tiempo para que le fauno supiera la verdad había llegado.
-Mañana iremos juntos al sendero; ya sabrás que te espera al final, hijo mío.

……………………………..

El hada y Toul desembarcaron a unos metros de donde iniciaba el sendero.
-Ve hijo, aquí te espero.
-¡Pero madre! tengo miedo, ¿qué encontraré allá?
-Nada que te pueda poner en peligro. Anda, ten confianza, camina.
El pequeño fauno, temeroso, caminó unos 200 metros. El camino se volvía muy estrecho, la maleza cubría casi por completo el sendero. Solo un fauno de corta estatura, como él, podría adentrarse.
A duras penas caminó unos 10 minutos hasta encontrarse con una completa oscuridad. Sintió miedo, aunque algo muy dentro de él, lo motivaba a que siguiera la senda.
De repente, la luz del día lo deslumbró. No podía creer lo que sus ojos veían. Frente a él, apareció una escena que le impactó hasta casi hacerle perder el sentido.
En un hermoso jardín, el hada más hermosa que hubiera visto en su corta vida, bajo un gran roble, pintaba lo que parecía ser un cuadro. Era la primera vez que el fauno veía a un artista trabajando. Aunque lo que más llamó su atención, fue lo que la hermosa hada dibujaba; parecía ser un perro. Al ver aquella imagen plasmada en el lienzo, infinidad de imágenes vinieron a su mente. Se veía en aquel jardín jugando amorosamente con el hada, mientras ella le hacía delicadas caricias. Fue demasiado, el fauno cayó desmayado ante la escalada de imágenes que iban y venían a su mente.

………………………………..

Al abrir los ojos, descubrió que se encontraba acostado en aquella acogedora casita que era su hogar. Vugnuwla le acariciaba la frente y lo miraba con dulzura.
-Tranquilo hijo, sigue acostado.
-Pero, ¿ ha pasado madre? no recuerdo nada. Siento que hubiera dormido por años, estoy confundido.
-No son años, pero si han sido días; dormiste demasiado. Es mejor que sigas descansando.
-¿Por qué he dormido tanto?
-¿Recuerdas cuando te alejaste del río para adentrarte en el sendero?
En instantes, el fauno recordó a detalle todo lo ocurrido. No podía borrar la imagen de aquella hermosa hada que pintaba aquel perro. Pensó en guardar su secreto y no contar a su madre lo que vio. Pero no pudo contenerse; necesitaba urgentemente una explicación.
Vugnuwla escuchó pacientemente el relato. Parecía entenderlo todo.
-¿Sabes, madre? hay algo que me tiene aún más intrigado. Siento que aquella hermosa hada es mi hermana. Hay un amor muy especial que siento hacia ella.
Después de pensarlo unos minutos, Vugnuwla decidió contar el significado de aquella visión a su hijo.
-Hijo mío, aquella hada que viste era Alejandra; y el perrito que pintaba en el lienzo eras tú antes de haber nacido en nuestro mundo.
-Mamá, si estaba confundido antes, ahora empeoraste las cosas.
-Toul, eras tú la mascota de Alejandra; te quería con toda su alma. Tiene ella un corazón tan puro, que nosotras las hadas cumplimos su deseo: que su mascota viniera a vivir a nuestro reino después de su muerte. Eras tú mismo el perro que viste en el lienzo; de hecho, te llamaban Bosco.
El fauno recordó por fin su vida pasada. Todas sus dudas se habían resuelto.
-Mamá, quiero volver a ver a Alejandra.
-Hijo, las hadas lo podemos todo, ten paciencia…
Desde ese día, Toul fue feliz. En poco se hizo muy popular entre los demás faunos. Encontró el sentido de su vivir. Y, estaba completamente seguro de que volvería a ver a Alejandra.

Francisco Valencia Sandoval.
Guadalajara, México. Noviembre de 2008.


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