ES muy temprano, tal vez demasiado temprano, pero
aquí estoy con los ojos “pelones”. Anoche de verdad,
la pasé muy bien, no puedo dejar de pensar en ella…
Sus grandes ojos, a veces muy cerrados, a veces muy
abiertos. Su pelo siempre en movimiento, sin ritmo
constante, pero sí con una gracia que pocas veces se ve
en el cabello de una mujer. Creo en verdad que lo que
más llamó mi atención, fue su pelo.
Llegué al lugar como a eso de las 11:00 de la noche;
ni tarde ni temprano para un bar como El Galo. Traía ya
unos tequilas encima. Carlos y Miguel apenas se podían
mantener en pie; digamos que ayer me tocó el papel
de “nana” de un par de borrachos. Apenas entré y Miguel
ya se había metido en problemas con el novio de una de
las meseras del lugar; bueno, cómo no iba a meterse en
broncas, después de haber tocado un poco de lo que
ni los amigos de mucha confianza pueden voltear a ver
en la novia del prójimo. En fin, tuve que expresarle
al tipo unas mentirillas piadosas acerca de Miguel; con
decirles, que hasta sub-procurador de Colima, resultó
ser mi cuate Miguel.
Después de pasear por el lugar, buscando alguna
“bolita” de niñas para poder entretenernos, me encontré a
quien me tiene algo trastornado. Al principio traté de
fingir y ni siquiera la vi de frente, pero fue demasiado
para mí y traté de entablar “comunicación”. Por lo
general se me ocurre algún tema interesante para
comenzar a hablar con alguien, pero créanme que no
pude pensar en nada y hasta tartamudee. Creo que le
hizo mucha gracia el verme titubear; pude percibir
una sensación de orgullo en sus ojos, ante el hecho de
sentirse una mujer lo suficientemente atractiva, como
para poner a temblar a un hombre.
Poco a poco fui recobrando mi seguridad y por lo
menos, pude poner atención a lo que ella decía: Me dije
a mí mismo –¡Francisco, ahora sí que encontraste a una
mujer que podría cambiar el rumbo de tu existencia!–
No digo que su conversación fuera la más interesante,
pero la manera de hablar, el tono de voz y sobre todo, los
movimientos de sus labios, sencillamente cumplieron
todas mis expectativas. ¡Y vaya que soy exigente!
Cuando más hipnotizado estaba, sentí como cuando
uno está escuchando su canción favorita y de repente se
raya el disco, al escuchar las siguientes palabras: –¡Veo
que ya conociste a la esposa de mi jefe!– Esa frase,
dicha con el acento un tanto grosero de un borracho, en
este caso de Carlos, me hicieron sentir hasta náuseas.
¿Qué pasó el resto de la noche? No sé, pero aquí
me tienen de madrugada en mi cama y con los ojos
“pelones”.