SECRETO DE FAMILIA
— ABUELA, háblame de tu abuelo, ¿cómo se llamaba? ¿Emiliano?
— Sí, ese era su nombre. ¿Y ahora qué te picó? ¿Andas con lo del árbol genealógico?
— No, abue, estoy tomando un curso de escritura creativa. Tengo la tarea de narrar un suceso extraordinario que tenga que ver con mi familia, pero no se me ocurre nada…
Recuerdo que alguna vez me hablaste del tatarabuelo Emiliano, al que fusilaron por los tiempos de la Revolución.
Noté una mirada de asombro en la abuela. No estaba acostumbrada a hablar de temas del pasado. Creo que sintió algo de vergüenza o quizá miedo. Las historias del tatarabuelo eran muchas. Dicen mis tíos que era un personaje misterioso. No se sabía mucho de él, y aunque en aquellos tiempos se creían muchas cosas, yo siempre he sospechado que hay algo de sobrenatural en la historia de mi antepasado.
— ¿No puedes escribir sobre otra cosa? Por ejemplo, ¿de las presas que construyó tu abuelo? Él tiene muchas aventuras que contarte.
Al ver que mi abuela evadía el tema sobre Emiliano, se despertó en mí una curiosidad por develar los secretos que escondía la “leyenda desconocida”.
— Tómalo con calma, abue, escribiré de Emiliano. En unos días vengo, si tú estás de acuerdo. Estoy seguro que tendrás muchas cosas que contarme.
— Pues lo voy a pensar. Hay relatos oscuros y misteriosos sobre él, tal vez no sea conveniente revivir esos recuerdos. No creo que nos venga bien. ¿Sabes? Existieron cosas mágicas en su vida y hasta tenebrosas. Podemos llevarnos sorpresas desagradables. ¿Te animas?
— ¡Sabía que podía contar contigo! ¿Vengo el viernes?
— Eres tan terco como tu madre. Te espero el viernes, pues.
El viernes, a eso de las ocho de la noche, mi abuela y yo disfrutábamos de un sabroso chocolate caliente, acompañado de rosquillas de la panadería del barrio…
A continuación transcribo literalmente las palabras de mi abuela:
Emiliano nació por allá en el año 1887, en el seno de una familia bien acomodada. Ya a sus 14 años era famosa su reputación de mago aficionado entre sus amistades. Su especialidad era desaparecer objetos. Dicen que tomaba en sus manos una manzana, y con un movimiento rapidísimo, la desaparecía. Dejaba que sus espectadores prácticamente lo desnudaran, para que ellos se aseguraran que no hubiera escondido la manzana en su ropa. Era algo inexplicable. Incluso la gente comenzó a relacionar sus habilidades con planos sobrenaturales.
Cumplidos los 19 años, contrajo nupcias con la hija del Presidente Municipal de Guadalajara. Sus padres estaban felices, y de la noche a la mañana, Emiliano había convertido a su familia en una de las más prestigiadas de la región. Los negocios familiares disfrutaron de un auge tremendo.
En 1920, a sus 33, Emiliano ya era uno de los hombres más ricos de la ciudad. Tenía tres hijos varones. Su afición por la magia era su pasatiempo favorito. Disfrutaba sorprendiendo en sus fiestas a los invitados con actos de desaparición de objetos diversos. Era admirado por todos, bueno, por casi todos. En su mansión, el jardinero Ramón, odiaba a la clase burguesa. Las diferencias entre pobres y ricos eran enormes. La revolución de1910 estaba reciente y Ramón era uno de los líderes clandestinos del Movimiento Social Campesino. Sin sospecharlo, Emiliano tenía al enemigo habitando con su familia. La Ley de la Reforma Agraria fue aprobada en el Congreso de la Unión. La tierra sería repartida entre las familias que la trabajaran. Esto significó un desastre para Emiliano. Los decretos promulgados en la nueva constitución lo llevaron a perder todas sus propiedades, quedándose en la ruina. Ramón, el ex jardinero, mañosamente se adueñó de una buena parte de las tierras de Emiliano. Irónicamente, la Reforma sólo consiguió arruinar a las familias poderosas para formar nuevos terratenientes allegados al movimiento posrevolucionario.
Emiliano, con una familia que mantener, se vio obligado a dedicarse a la profesión de mago. En poco tiempo, su reputación de rico terrateniente fue reemplazada por la de un “mago-brujo”. Su especialidad no solamente era la de desaparecer objetos comunes; ya había aprendido a desaparecer seres vivos. En sus representaciones usaba gatos y pájaros, que después de pronunciar algunas palabras mágicas, desaparecían ante las miradas sorprendidas del auditorio.
Cumplidos sus 40 años, se había convertido en el ilusionista más famoso de México. El mismo Presidente lo contrataba para sus fiestas, a las que concurrían las personalidades más destacadas de la nueva aristocracia. Ya no era el hombre más rico, pero sí el más feliz. Gracias a los ingresos obtenidos como mago, podía dar escuela a sus hijos y ofrecerle ciertos lujos a su esposa. Para él lo más importante no era el dinero, la fama obtenida era su mejor remuneración.
Sin embargo, Emiliano no se imaginaba que seguía teniendo un enemigo oculto, Ramón. Por aquellos días empezó a correr el rumor de que el famoso mago tenía un pacto con fuerzas diabólicas. La gente nunca se enteraba dónde habían quedado los animales que él desaparecía. Nunca los volvían a ver.
Lo que la gente no sospechaba, era que no sólo se trataba de rumores, detrás de cada acto, el mismo Emiliano no sabía qué pasaba con los objetos. Ni él mismo entendía qué sucedía. Desde joven veía como algo natural, el que desaparecieran los objetos. Nunca se cuestionó sus habilidades, vivía en otra realidad, pero a nadie comentaba su secreto.
En la feria regional de 1934, Emiliano recibió la más extraña invitación. Ésta fue hecha por su enemigo, Ramón, era en ese entonces diputado local. Habría un acto multitudinario en el Palacio Legislativo, al cual nuestro mago era requerido para amenizar el evento. Ramón le tenía preparada una trampa. Él mismo se ofrecería como voluntario para ser desaparecido por Emiliano. Sabía que descubriría el secreto de su rival, y que después de revelarlo, Emiliano volvería a la pobreza. Su venganza, ahora sí, estaría completa.
Unos trescientos espectadores presenciaban admirados los actos de Emiliano. Cuando estaba a punto de terminar, Ramón apareció ante el público y exigió, como diputado, formar parte del espectáculo. Emiliano trató de persuadir al legislador para que no se prestase a ser desaparecido. Pero Ramón era un hombre muy poderoso y amenazó a Emiliano con encarcelarlo si no accedía. Lo peor estaba por suceder…
Una vez pronunciadas las palabras mágicas, el diputado desapareció ante las miradas asombradas de los espectadores. El mismo Emiliano creía que no lograría completar el acto; fue él el primer sorprendido. La esposa de Ramón gritó desde su asiento pidiendo al mago que apareciera a su esposo, pero fue entonces cuando Emiliano reveló su secreto… Dijo no saber cómo aparecerlos objetos, animales y ahora, a una persona. En cuestión de minutos, miembros de la policía local aprehendían a Emiliano y lo llevaron a la cárcel municipal.
El juicio no duró mucho, Emiliano fue condenado a morir fusilado por el delito de secuestro de un funcionario público. Al día siguiente, era llevado por gendarmes al paredón y su muerte fue instantánea.
Nunca se volvió a saber de Ramón… los dos enemigos habían cobrado venganza mutua.
— Esa es la historia de tu tatarabuelo. Te dije que estaba rodeada de misterio.
— ¡Caray, abuela, no creo nada de lo que me contaste! No vine aquí para que me tomaras el pelo.
— Está bien, no me creas. Anda, ve y trae una manzana para tu abuela, por favor.
Era la hora de cenar, tomé como algo normal la petición de mi abuela, tendría hambre. Encontré una manzana recién cortada de la huerta familiar. Cuando se la entregué, inmediatamente pronunció unas palabras y la manzana, ante mi sorpresa, desapareció. Mi abuela me lanzó una mirada de complicidad.
— ¿Ahora me crees? Ya sabes el secreto de la familia…
